miércoles, 14 de octubre de 2009

¿Costarriqueñismo, tiquismo o costarricensismo?

En gramática se conoce como gentilicio, a aquel adjetivo que denota la procedencia geográfica de una persona, su lugar fijo de residencia, nacionalidad.

Se les llama giros, locuciones o vocablos propios de cada nacionalidad, a esa manera coloquial del habla popular, es decir, aquellas palabras que “auxilian” al idioma oficial y que proporcionan más calidez en las conversaciones entre amigos, familiares, colegas, compañeros, etc., dicho lo anterior para todos los países del mundo. En español, tenemos el sufijo “ismo” para formar palabras cuya idea central es la de definir correctamente a los giros, vocablos, etc. Pero nuestro idioma oficial igual tiene otras partículas que sirven para formar gentilicios, cuando se le agregan a la base o raíz, para darle nacimiento a austriaco con “aco”, “ano” de africano, “ego” de manchego, “eno” de chileno, “ense” que apreciamos en costarricense. De madrileño, tenemos “eño”, en europeo vemos a “eo”, con “’es” o “esa” de albanés y albanesa, y otros más. En todos los casos citados, se respeta la raíz que da origen al gentilicio para acatar los lineamientos de la Academia Española de la Lengua.

Luego de formar un gentilicio, se le agrega “ismo” para darle nacimiento a los giros propios del habla popular de cada pueblo, nacionalidad, etc. El lector ya habrá notado como asunto importante, que del título de este comentario se saca preliminarmente como deducción que si hace muchísimos años (digamos que más de sesenta) nos llaman y nos llamamos entre nosotros mismos como costarricenses y nunca costarriqueños, el gentilicio que prima es costarricensismo y no costarriqueñismo.

El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua), aclara la discordancia y disonancia al indicar que “costarriqueñismo” es tomado de costarriqueño “gentilicio inusual”, es decir, no frecuente o acostumbrado. Así las cosas, y como dije antes, todos en este país y allende fronteras nos llaman y nos llamamos como costarricenses y no costarriqueños. La Academia costarricense de la Lengua (no costarriqueña), deberá dar por cierto que los vocablos, giros, locuciones, etc. que utilizamos todos los ticos y las ticas, son costarricensismos (de costarricense) y no costarriqueñismos (de costarriqueño), por provenir este último término, de un arcaísmo que no tiene cabida y que nadie lo utiliza o le ha “dado bola”. Y para contrarrestar las posibles objeciones de mis detractores, quienes sin sustento lingüístico puedan emitir criterio en contrario, podemos echar mano de “tiquismo”, como giro propio de nosotros los ticos, donde se observa la metamorfosis de la letra “c” por la “q”. Ante el escenario que he expuesto, seguir denominando a nuestros giros, locuciones, palabras, etc. como costarriqueñismos, como que no se retrata correctamente el deseo, alma y nacionalidad de los costarricenses y no de esos desconocidos costarriqueños, que inclusive en las canciones populares de antaño si acaso se mencionan poquísimas veces y a la que nadie le dio “pelota” (le prestó atención).

De acuerdo con mi tesis y para estar a la altura del momento, el arcaísmo “costarriqueñismo” deberá ser sustituido por “tiquismo” (de tico), y mejor aún este bien formado costarricensismo (costarricensismo). Lo anterior, sí sigue y respeta la ortodoxia que ha manifestado la Academia de España para asuntos como el tocado aquí. Por “tener la papa en la mano” o por haberle “tirado la bola o pelota” el suprascrito, la Academia Costarricense de la Lengua, digo mejor sus integrantes deberán atender esta sugerencia, que de acuerdo con la gramática, la filología, etc. están “con todas las de la ley”.

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